“El venezolano no tiene inteligencia, imaginación, cultura, nada de eso; el venezolano lo que tiene son bolas, unas bolas bien puestas. Con las bolas es que se manda en Venezuela. En Venezuela nadie manda con la cabeza sino con las bolas. El venezolano yo no se si ha evolucionado. Creo que no. En mis tiempos de militante clandestino en contra de la dictadura fascista de Pérez Jiménez los camaradas me decían me decían:
-Hay que echarle bolas a la vaina.
Y lo mismo me decían en las guerrillas de El Charal en 1961:
-Hay que echarle bolas a la vaina.
¡Adiós luz, que te apagaste!

Al quedar en un negro total que no te permite ver ni la pata de la mesita de café que espera en posición de ataque a tu meñique, el miedo te paraliza. Pero no se trata de una regresión a la infancia ni a tiempos ancestrales donde los enemigos se escondían en la penumbra, sino de la incertidumbre de saber que desde que iguanas y pájaros kamikazes atacan el sistema eléctrico nacional, el regreso de la luz tampoco tiene horario ni fecha en el calendario.
Lo primero que debes hacer para sobrevivir a apagón programado o no, es lanzar un improperio contra todo aquel que se haga llamar político, a los de ayer por hacerlo mal y a los de hoy por arreglarlo peor. Hágalo de una vez porque además del calor, tendrá que soportar el insulto ahogándolo por el próximo par de horas. Hágalo en nombre de los archivos de Word que se tragó la oscuridad para jamás volver.
Crónica publicada en la edición 65 de la revista Tendencia






